Drones y albatros

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Foto: Ángela Posada-Swafford

Albatros, criaturas del aire en la Antártida

Los albatros son aves marinas de grandes dimensiones que habitan por casi toda la extensión del océano Antártico, el océano Pacífico, y el océano Atlántico Sur. Los grandes albatros tienen la mayor envergadura alar de cualquier especie existente en la actualidad.

Los albatros se mueven de forma muy eficiente en el aire y utilizan el planeo dinámico para cubrir  grandes distancias con poco esfuerzo. Se alimentan de calamares, peces y krill, bien recogiendo animales muertos o capturando su alimento vivo en la superficie del agua o buceando.

Son aves coloniales y la mayoría nidifica en islas oceánicas remotas, a menudo compartiendo su territorio de nidificación con otras especies. Establecen una relación monogámica que dura toda su vida.

Es el viento –no la tierra ni el mar- el principal medio ambiente de los albatros errantes, los petreles gigantes, y las gaviotas cortaagua. Son las llamadas aves de tubo nasal, porque tienen un tubo sobre la nariz cuya función es eliminar la sal, a través de dos pequeñas glándulas que tienen sobre los ojos. Estas glándulas son diez veces más eficientes que sus riñones.

Pero mi favorito es el albatros errante. Sus alas tienen 3.5 metros de envergadura – es el ave marina más grande de todas. Su característica más arrobadora es su majestuoso planear, con las alas totalmente extendidas y siempre inclinados verticalmente, con la punta de un ala rozando el agua. Los albatros son seres aéreos, ingrávidos, que pasan la mayor parte de sus vidas abrazando el viento, excepto cuando sumergen el pico ligeramente para recoger calamares, o cuando hacen sus nidos en la costa.

Ese vuelo se ve tan fácil, indiferente a las montañas móviles de las olas, que nunca necesitan mover las alas. Y al planear ajustan su altura de vuelo y velocidad a la del buque. Es un privilegio compartir este espacio de aire sobre el Océano Sur con estas criaturas del viento. El albatros es paradigma de economía y eficiencia aerodinámica.

Aunque aparentemente se ven tan rígidas como la cometa de un niño, estas alas son instrumentos de una sensibilidad exquisita. Interconectados en el cerebro de un albatros hay programas de física, aerodinámica, meteorología y navegación global. Ellos saben instintivamente cosas tales como que la velocidad del viento es menor cerca de la superficie del agua, a causa de la fricción. Sus alas sienten las mínimas variaciones en las corrientes del aire a lo largo de su envergadura. Cada hueso y pluma del ala tiene determinados músculos que pueden variar con la orientación, y al mismo tiempo ajustar la total orientación del ala.

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foto:Ángela Posada-Swafford

El poderoso esternón, al cual están asidos los músculos del vuelo, y los huesos de las alas, pesa tan sólo 1.3 kilogramos. Los huesos son huecos pero reforzados con un tejido especial para darles solidez. Los albatros errantes necesitan viento para no tener que batir las alas. Por eso, no habrían podido evolucionar en otro lugar que no fuera el continente más ventoso del planeta, como es la Antártida.

Son ciudadanos globales, que cruzan con indiferencia los límites invisibles de los humanos, capaces de rodear todo el planeta usando nada más que plumas, carne y hueso.

El oceanógrafo Philip Richardson de Woods Hole Oceanographic Institution se dio cuenta de que develar los secretos de vuelo del albatros podría llevar a una nueva generación de planeadores no tripulados capaces de monitorear vastas áreas del océano sin usar una gota de combustible. Tales planeadores podrían también trabajar sobre tierra firme, enjaezando la energía del viento para extender su vuelo a días, meses y hasta años.

Entre los varios modelos que hizo para explicar el vuelo de estas aves, hay uno llamado “planeo dinámico”, que se ajusta a los círculos que hace el albatros, casi tocando el agua y luego subiendo, dando una voltereta y volviendo a bajar, ganando energía en cada movimiento. Esta técnica podría incorporarse a drones de vigilancia en misiones largas, y según el experto, los drones podrían aguantar aceleraciones de hasta 100 veces la fuerza de la gravedad y volar a 150 km por hora.

Añadiéndoles pilas y celdas solares, es posible imaginar drones de larga distancia que copian las habilidades de los satélites, pero a una fracción del costo. Podrían usarse como torres voladoras de telefonía celular, para cosas como festivales de música al aire libre, o atención de desastres. Tal vez el mercado más grande es el de la agricultura, para medir el estado de los cultivos, su crecimiento y plagas.

Hace un par de décadas, si un pichón de albatros errante sobrevivía su primer año en el mar, tenía buenas probabilidades de vivir hasta los 50 años. Pero hoy, un albatros enfrenta muchos riesgos, uno de ellos es la competencia por su alimento con la flotilla de buques pescadores de calamares en el Océano Austral. Algunos otros se hacen tan dependientes de los desechos de los barcos, que pierden el instinto de cazadores.

Viéndolos revolotear a nuestro alrededor, se me hace difícil aceptar que estas magníficas aves puedan convertirse en adictos a los desechos.

ÁNGELA POSADA-SWAFFORD
Corresponsal de El Tiempo, DIMAR y la Armada en la I Expedición Antártica Colombiana

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